Entrevistamos a Diego Polit (2)

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Fueron interesantes las ideas que el antropólogo Diego Polit expuso durante la entrevista que Mónica García le hizo desde casa. Invitó a los educadores a ponerse un esparadrapo en la boca hasta lograr que el niño diga su propia palabra y descubra su propio sentido. Les recordó que su tarea fundamental es ayudarle al niño a construir su proyecto de vida, que se crea de a poco, en lo cotidiano. Y les hizo el llamado a desarrollar capacidades para que puedan hablar con los niños y acompañarlos en sus aprendizajes, pero no formarlos porque, para Diego, formarlos da la idea del carpintero dándole forma al niño, queriendo hacer lo que nosotros queremos que él sea.

Vea: Primera entrevista a Diego Polit

¿Cómo mejorar la relación entre la familia y la escuela? Esa fue una de las tantas preguntas que quedaron pendientes por formularle a Diego Polit. Así que Mónica lo invitó de nuevo a sus entrevistas desde casa. Para el antropólogo, lo primero que hay que hacer para mejorar esa relación es generar espacios de diálogo con el propio niño. “Que el niño nos diga qué escuela quiere y qué familia quiere, para saber cómo apoyamos en construir eso que el niño demanda. El diálogo entre familia y escuela también hay que enriquecerlo para saber lo que la familia espera de la escuela y lo que la escuela espera de la familia. Pero que sea un diálogo de compartir saberes y experiencias, y no desde la exigencia y la imposición”, explica Diego.

El antropólogo experto en buen trato dio algunos consejos para cualificar esos encuentros entre maestros y padres de familia. “Podemos generar espacios para compartir cambiando algunas costumbres. Hay padres de familia que no van al colegio para evitar las cantaletas. Por eso, comencemos a crear un imaginario distinto para que cuando se los invite a una reunión vayan con más gusto. Partamos de diálogos positivos, de espacios de intercambio de cosas positivas, que no son las notas. Yo soy el enemigo más grande de las tareas, pero si la tarea en la casa es preguntarle al papa qué opina de tal cosa, es muy distinto. Vinculémoslos a la vida cotidiana del niño”.

Después de esas recomendaciones, la siguiente pregunta de Mónica era obligada: ¿cómo fortalecer la relación cotidiana que tienen los maestros con sus estudiantes? Diego propone que nos demos el lujo de leer la realidad desde la perspectiva de los niños. “Yo siempre he dicho que en la escuela se inventan diez mil cosas para hacer, pero por qué no crear la costumbre tan simple de que, una vez a la semana o una vez cada quince días, el maestro se reúna con los estudiantes a preguntarles cómo vamos, qué les parece que está bien, qué les parece que está mal, qué les gusta de lo que yo hago, qué no les gusta, qué les gusta del aula donde estamos y qué no les gusta, qué les gusta ahora de estas clases virtuales que estamos dando y qué no les gusta”. Con esta dinámica de relación, Diego platea que se generen compromisos pequeños, que se van sumando con los otros compromisos de los otros maestros hasta lograr un proyecto de convivencia más grande para la escuela. Una dinámica que se puede aplicar igualmente en el contexto familiar.

Para terminar la entrevista, Diego hace hincapié en que debemos reconocer la voz y la experiencia de vida de los niños. “Los niños conocen la vida porque la viven. Entonces tenemos que convencernos de que los niños viven su vida cotidiana, y de esas experiencias aprenden muchas cosas. Mi experiencia me plantea que cuando logramos que los adultos se abran a preguntarles a los niños, se quedan con la boca abierta. Hay que ir minando muchas posturas, entre esas, que ‘el niño no sabe y yo sí sé´”. Diego se pregunta si tenemos la autoridad para hacerlo, cuando hemos construido la sociedad que tenemos.