«El amor todo locura, lo cura todo»

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Entrevistar a un personaje que reúna la medicina, la literatura y la pedagogía es todo un privilegio. Mi entrevistada tiene tres profesiones y un solo interés: los niños, las niñas y los adolescentes. Bienvenidos a mis entrevistas desde casa con la pediatra puericultora, escritora y docente Carmen Escallón.

Carmen Escallón: Mi mirada sobre los niños, las niñas y los adolescentes es una mirada que siempre ha sido muy integral. Yo considero que los niños pasan tanto tiempo en la escuela, que entiendo y siento que la escuela tiene un papel protagónico en la construcción de sujeto y en la construcción de todos estos imaginarios humanos.

Mónica García: Carmen, explíquenos, para usted cuál debe ser el rol del maestro en la escuela.

Carmen Escallón: Mónica, si yo te doy una semilla y tú la metes en la tierra, lo primero que tienes que tener para que esa semilla pueda crecer es esperanza, o sea, tener la esperanza de que la vas a cuidar y de que vas a creer en ese proceso. Es en la escuela donde adquirimos esa estirpe humana. Es allí, en la escuela, donde suelo decir, como diría Savater, adquirimos parte de esa humanidad. El otro sitio es la casa, obviamente, pero yo creo que el maestro tiene esa semilla y tiene que ser paciente. Si tiene 40 niños, son 40 cerebros con un cableado diferente, 40 cerebros con unos neurotransmisores distintos y unos deseos distintos. Por eso, no pueden ser como 40 latas de cerveza, cada niño es único e irrepetible. Entonces, el maestro, como jardinero, debe cuidar el jardín. Necesita paciencia y esperar a que el fruto se dé. Muchas veces invadimos al niño, no lo acompañamos, sino que lo controlamos, pero, si yo soy una jardinera, la planta no la podemos forzar, simplemente estoy ahí, esperando a que crezca y luego me enaltezco cuando veo que el fruto sale. Ese fruto es ver a ese niño crecer, verle todas esas cualidades humanas.

Mónica García: El amor para usted es imprescindible en la vida. Cuéntenos cómo ve el amor en el proceso educativo.

Carmen Escallón: Yo creo que el amor debe estar presente en todo proceso, no sólo el educativo. Si no tengo amor, si no hay pasión, va a ser un proceso completamente indiferente al que le va a faltar algo. Estoy convencida de que el amor, no en términos románticos sino inclusive biológicos, es la capacidad que tú tienes de permitir que el otro surja como legítimo otro y tu surgir como legítima otra en la convivencia mutua. Esa es la definición de amor del biólogo Humberto Maturana, y yo creo que es la más bella de las definiciones: permitir que el otro sea, permitir que el niño sea y yo ser en la convivencia de los dos. Por eso, yo creo que el amor es un elemento fundamental en todos los procesos. El espacio donde está el estudiante con el docente es indudablemente de amor.

Mónica García: Como médica, usted también ve al maestro como sanador de niños y niñas. Cuéntenos por qué.

Carmen Escallón: Son muchísimos los ejemplos de docentes que son sanadores, sanadores del alma y sanadores físicos. Por ejemplo, recuerdo una maestra que tenía un estudiante con dificultad para los fraccionarios. Ella va al consultorio y me dice: “doctora, vengo para que me ayude, porque el niño no puede con los fraccionarios, pero es un niño inteligente, algo pasa”. Yo le digo, “por qué no miras qué está pasando en su casa y cómo son los fraccionarios allá”. Cuando me dice: “ya lo hice, ese niño no puede entender que 4 sobre 2 da 2, porque en su casa la comida no se divide en partes iguales. La porción más grande es para el papá, quien, si no se la ponen, golpea a la mamá, y al niño le dan, solo si queda”. Un niño no puede entender fraccionarios dividido en partes iguales, si a él no se le ha dividido en partes iguales en su entorno.

Mónica García: Ahora, quisiera Carmen que dedicáramos un espacio para que nos comparta lo qué significa para usted la paz y la convivencia, dos conceptos fundamentales en el contexto de la familia y la escuela.

Carmen Escallón: Lo primero es definir la paz. Hay mil formas de definirla, yo creo que la paz es la capacidad de resolver los conflictos sin dañarme y sin dañarte a ti, y siento que una familia, que está madura para resolver conflictos, es una familia que está madura para la paz. Un niño, que está maduro para resolver conflictos, es un niño que está maduro para la paz, al igual que una escuela y un aula que están maduras para resolver conflictos, son una escuela y un aula que están maduras para la paz.  

Cada vez que intentamos resolver conflictos de forma inadecuada estamos en guerra, y la guerra no solo es con armamentos sino es con las frases que usamos, el tono de la voz, la postura del cuerpo y la mirada. Una escuela para la paz es la que enseña a docentes, estudiantes y familias a resolver conflictos sin tener que recurrir a métodos violentos.

La convivencia tiene que ver con esas rutinas, con ese día a día, con ese convivir con el otro, con esa mirada que tengo sobre el otro, y que el otro tiene sobre mí. Para mí, convivencia y empatía, convivencia y alteridad, van de la mano, o sea, cómo yo le doy existencia al otro y cómo el otro me da existencia a mí. El maestro es, porque está rodeado de niños y niñas, y los niños son, porque tienen a un maestro con ellos. Ese es el convivir, donde puedes establecer unas herramientas, lo suficientemente fuertes, para construir escenarios de paz.

Mónica García: Para finalizar mi entrevista desde casa, envíele por favor un mensaje de reflexión a los maestros

Carmen Escallón: Que cada clase sea un motivo para ellos de fiesta. Tiene que haber fiesta en el cielo en cada clase, que ellos se enaltezcan también escuchando, no pegados a ese currículo, sino viviendo la realidad; un aprendizaje significativo, pero significativo para el niño y para ellos también, recordando que el amor todo lo cura. Es locura, pero también todo lo sana, o sea, todo lo cura, y el maestro es decisivo. Gracias a los maestros, que están allí, día a día, aunque están tan mal pagos. Gracias a los maestros, ellos tienen en sus manos mucha construcción.

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