La escuela, territorio de búsqueda de verdad, reparación y dignidad

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Por Claudia Alvarado*

En Colombia, el sistema educativo enfrenta numerosos retos y necesidades. Entre ellos, se destaca su transformación continua para atender y responder al contexto sociocultural de los estudiantes. Sin embargo, algunas de estas transformaciones parecen haber distanciado al estudiante de su contexto. Tal es así, que somos un país en el que desapareció, por cerca de 23 años, la asignatura de historia de los currículos escolares. Esto ha sido un grave error del cual aún no nos recuperamos. La escuela debe ser territorio de búsqueda de verdad, reparación y dignidad.

Aunque la escuela se supone que está llamada a proponer escenarios que cuestionen, interpelen y desafíen a los estudiantes, ha optado, en muchas ocasiones, por tomar distancia e invisibilizar en las aulas nuestra historia que ha estado atada a la violencia. Actuar como si borrar estos eventos del currículo pudiera hacerlos desaparecer de la vida, es un error significativo. Es urgente reconocernos con nuestros aciertos y errores para aprender de lo vivido.

¿Y cuándo vuelve el desaparecido?

El proyecto que abordé con mis estudiantes sobre el fenómeno de la desaparición forzada y las ejecuciones extrajudiciales de jóvenes en Soacha me permitió ver la importancia de construir memoria. Este proyecto, que se consolidó bajo el nombre “¿Y cuándo vuelve el desaparecido? Cada vez que lo trae el pensamiento” (en referencia a la canción de Rubén Blades), revela cómo hemos normalizado la violencia y cómo la escuela ha permanecido indiferente frente a esta amnesia colectiva.

Sin lugar a duda, abordar temáticas como la desaparición forzada en el contexto escolar, es poner en tensión diferentes asuntos. Es necesario profundizar en hechos, personajes y situaciones que no son ficción y abordarlos pedagógicamente con cuidado. También implica hacer lectura analítica de cómo los medios de comunicación transmiten esta historia. Pero es, sobre todo, dejar de subestimar el poder crítico y de análisis de los estudiantes, pues uno de los principales daños que nos hemos causado, es creer que es mejor no hablar, no mencionar lo que pensamos, no tomar posturas. Esto ha mitigado la construcción de criterios y desencadenado una indiferencia colectiva, que se solapa en el no querer incomodar.

 La escuela, territorio de búsqueda de verdad, reparación y dignidad

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Conocer para no repetir

Abordar la desaparición y otros tantos sucesos dolorosos de nuestra nación es una necesidad de la escuela. No podemos distanciar a los estudiantes de nuestra historia para después exigirles que tomen decisiones, que elijan con responsabilidad, que se apoderen de un país que no conocen. Ser ciudadanos implica conocer y entender nuestra realidad para transformarla.

Existe una apuesta decisiva. Las recomendaciones del Informe Final de la Comisión de la Verdad involucran directamente a la escuela. La educación debe encaminarse desde la empatía para que dejemos de pensar desde la indiferencia. “Desde que no me pase a mí” o “menos mal no fue en mí familia”. Así comprenderemos la necesidad de reparar a quienes han sufrido el flagelo de la violencia de manera directa y responsabilizarnos de lo que somos como nación. 

La escuela somos todos y, sin duda alguna, debe unirnos el tejer desde diferentes acciones reales, visibles y dignas, una paz que deje de ser un sueño. Hasta tanto no logremos reconocernos en el otro, y mantener nuestra insistencia por la búsqueda de la verdad, no podremos estar tranquilos de que no se repetirá. 

Tarea impostergable

En muchos momentos, en que los docentes han abordado en las aulas el análisis de fenómenos como la desaparición forzada, se nos ha señalado de querer adoctrinar políticamente para favorecer a los partidos de izquierdas. Han ligado de manera automática y falsa el esclarecimiento de la verdad a las apuestas ideológicas particulares de los profesores. Por tanto, lo último que debemos hacer es callar, y más aún, hacer que nuestros estudiantes se sumen al silencio, que en nuestro país es sinónimo de miedo y muerte.

Colombia ha estado sumergida en silencios profundos, cómplices y horrorosos. Abrazar el silencio en la escuela, es proponerles a los estudiantes que no piensen, es robarle el alma al aula, es desaparecer su razón de existir. 

Es impostergable que la escuela se despliegue en acciones que abracen la verdad. De ahí el llamado a sumarnos a esta Jornada del 29 de mayo “La Escuela Abraza la Búsqueda y la Empatía”.

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* Docente de la Secretaría de Educación del Distrito y Estudiante del Doctorado Interinstitucional en Educación en la Universidad Pedagógica Nacional.

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