Entrevistamos a Carlos Martínez Hincapié

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El primer invitado del 2021 de Mónica García es Carlos Eduardo Martínez. Carlos es politólogo de la Universidad de los Andes; Magister en Desarrollo Educativo y Social; Doctor en Paz, Conflictos y Democracia; y actual director de la Maestría en Desarrollo, Paz y Ciudadanía de la Corporación Universitaria Minutos de Dios.

A Mónica le encanta el perfil de Carlos de pedagogo social, docente, pacifista y militante de la noviolencia. Justamente, por ser experto en noviolencia, fue lo que motivó a Mónica a dedicar su entrevista desde casa para indagar sobre este concepto.

Carlos explica que noviolencia viene de la palabra ahimsa, que en sánscrito, una lengua clásica de la India, significa no causar daño ni sufrimiento y también hace referencia a cuidar amorosamente la vida. Sin embargo, cuando los ingleses lo pasan a su idioma, lo traducen como “non violence”, una traducción que se queda corta ante lo que realmente significa la palabra ahimsa.

Fueron los italianos del movimiento de la noviolencia los que propusieron emplear la traducción en una sola palabra, para buscar que no estuviera referida a la negación de la violencia solamente sino al cuidado amoroso de la vida, que es un concepto mucho más amplio y corresponde al origen de ahimsa.

Lo que pretende la noviolencia es transformar las relaciones que mantenemos entre los seres humanos y la naturaleza. Esto supone transformar concepciones culturales que hemos ido interiorizando desde que somos niños, en la que establecemos con la naturaleza una relación donde es solamente una proveedora de recursos y no la madre tierra que nos sustenta, como dicen nuestros indígenas. También supone transformar la relación patriarcal machista entre los hombres y las mujeres; y transformar las lógicas de poder basadas en la legitimación de la violencia de los fuertes contra frágiles por unas relaciones más fraternas y más amorosas.

La noviolencia procura convertir el amor en una potencia política, como capacidad de transformación de nuestras relaciones. Un reto que para muchos es utópico. Pero Carlos piensa que lo realmente utópico es creer que vamos a sobrevivir como humanidad con estas lógicas culturales que nos sustentan hasta ahora. “Son unas lógicas culturales suicidas que nos están llevando a destruir el medio ambiente, a crear relaciones destructivas con lógicas que suprimen el conflicto a partir de la dominación de quien confronta o cuestiona. Creer que podemos sobrevivir como humanidad en esas lógicas, eso es lo realmente utópico. O cambiamos o nos fuimos”, afirma.

Transformar las relaciones implica una revolución escolar. Carlos asegura que necesitaríamos transformaciones no solo en el nivel del discurso sino en el nivel de las prácticas. “Por ejemplo, tendríamos que transformar unas relaciones jerarquizadas de poder que se repiten en la escuela patriarcal, donde los adultos son los que tienen la razón, la verdad, y no se acepta una construcción de diálogos de saberes entre iguales. Tendríamos también que transformar la escuela para que lo importante sean los niños y las niñas que aprenden a mejorar sus preguntas porque eso es lo que estimula su capacidad creativa; es decir, tendríamos que pasar de la escuela donde se dan respuestas a una escuela donde se incentivan las preguntas. Esto nos lleva a la necesidad de transformar el concepto de que la escuela es un lugar donde los niños y las niñas aprenden una misma forma de ser y estar porque estamos partiendo de la diversidad”.

Para Carlos, si la noviolencia nos plantea una transformación cultural profunda de las relaciones entre los hombres y las mujeres y entre los adultos y los niños y las niñas para que sean más equitativas, debemos convertir la escuela en un espacio de convivencia donde apreciamos y valoramos la diversidad y donde aprendemos a colaborar y no a competir estableciendo relaciones de afecto y solidaridad.

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