Homenaje a mis tres seres queridos que perdí en un abrir y cerrar de ojos

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Crónica
Proyecto Prensa Escolar
Estudiante de Benposta
Bogotá
2022

Era el 31 de diciembre de 2021 cuando yo tenía 17 años. Como a las 7 de la mañana, estaba en mi casa, en Bucaramanga, y recibí una llamada de mi tío materno preguntándome: ‘¿qué haces sobrino?’. Yo le respondí que nada, así que me invitó a su casa, pues él era muy bueno conmigo y me regaló el estreno. Nos fuimos a comprarlo. Entramos a varios locales y, por fin, encontramos la ropa que estaba buscando. Mi tío me dijo que nos viéramos más tarde para ver qué hacíamos el primero de enero, de pronto nos íbamos para el río, y yo le dije que bueno.

Me fui para la casa, me cambié, me puse simpático, me fui para una cantina y se me olvidó ir donde él. Ya eran como las dos de la mañana cuando recibí la llamaba de un amigo. Me dijo: ‘le pasó algo a tu tío’; y yo le pregunté: ‘¿qué pasó’, dime’. Pero él no me quiso decir nada. En esos momentos sentí escalofrió. Pensé que me estaba jugando una broma, pero llegué a la casa de mi tío y vi que no era así.

Estaba la policía afuera. Me sentí más peor cuando vi a medicina legal dentro de la casa. Yo todavía no entendía qué es lo que estaba pasando. Todo se me derrumbó al ver a mi tío Luis metido en una bolsa de esas. Ese día fue el peor de mi vida porque me habían arrebatado a mi tío, que tenía 36 años. Me sentía muy triste y en esos momentos estaba lleno de rabia y frustración. Dije que le iba a buscar venganza. Lo que más me dolió fue que no pude despedirme de mi tío, no pude estar en su entierro y no pude estar con mi familia apoyándola.

Después del entierro, que fue el 3 de enero, me fui todo aburrido para la finca que tenía mi tío. Allí duré como tres días. Me la pasé solo. Como no daba razón, mi familia empezó a buscarme. Todos estaban preocupados porque yo me fui sin avisar.

El 6 de enero les dije dónde estaba y entonces quedaron más tranquilos. Ese día me fui a despejar la mente en el río. Estando allá, recibí una llamaba de un gran amigo que me dijo: ‘pilas, que lo están buscando los de la guerrilla’. En ese momento que él me dijo eso, yo me quería morir, por lo que había pasado el primero de enero con mi tío.

La guerrilla me estaba buscando porque ya me habían reclutado y me habían dicho que, si llegado el caso necesitaban gente, ellos iban de nuevo por los que estaban en casa.

Pasaron varios días y decidí regresarme para la casa de mi madre porque a ella no le gustaba verme así de triste. Mi madre se alegró al ver que volví. Estábamos hablando sobre lo que le había sucedido a mi tío, cuando, de repente, llegó mi primo Jordano y le dijo a mi madre lo que mi amigo me había contado a mí: ‘tenemos que sacar a mi primo de acá porque lo están buscando para reclutarlo’. Mi madre se angustió.

Me sacaron para Rionegro, donde mi madre se sentía más tranquila porque allá estaba a salvo con mi tía. Había pasado como nueve días de la muerte de mi tío.

De pronto, llamaron a mi tía y le dijeron que habían matado a mi primo Jordano, por haberme avisado y haberme sacado de la finca de Bucaramanga. Mi tía estaba llena de rabia. Yo estaba más triste de lo que nunca había sentido, porque en un solo mes ya se habían ido dos seres muy queridos. Eso me dio duro tanto a mí como a toda mi familia.

Los días pasaron en Rionegro y un día, como a las 3 de la tarde, vimos a dos manes en una camioneta rondando la cuadra donde estaba viviendo con mi tía. Ella se preocupó y me encerró en un cuarto toda la noche. Hasta el otro día me sacaron y nos fuimos a poner el denuncio en la policía. La policía me mandó a la personería y el personero me ayudó para que me fuera a Benposta. Pero su propuesta no la tomé de la mejor manera, por estar muy triste por lo que me había pasado en Bucaramanga. Fue mi familia la que me motivó a aceptar la propuesta del personero, porque no querían que mi madre sufriera, y mucho menos querían verme en un cajón.

Inmediatamente tomé el bus para Bogotá. Duré viajando 20 horas hasta que llegué a Benposta. Ya me había amañado en el transcurso de un mes, cuando un domingo, como a la una de la tarde, me contó mi mamá que habían matado a otro de mis primos. Yo le pregunté a cuál y me contestó que ‘con el que usted se la pasaba más’. 

Ese domingo yo estaba nuevamente triste y aburrido y le pregunté a mi mamá que por qué él, si mi primo José no se metía con nadie y no andaba en malos pasos. Mi mamá me dijo que lo mataron por confusión. Cuando me dijo eso, mi vida no tenía ningún sentido. Me preguntaba por qué me pasaban a mí estas cosas.

En un solo mes perdí a tres seres queridos. Después de eso, no paraban las tragedias en mi familia, pero ya no eran como antes: no había más muertes sino enfermedades. Ahora miro al cielo y me acuerdo de los buenos y malos momentos que viví con mis seres queridos, que hoy día no están conmigo.

Recuerdo a mi tío Luis por los consejos que me dio. Gracias a él estoy vivo y estudiando. De él me quedan bonitos recuerdos. Estoy agradecido también con mi primo Jordano, porque si no hubiera sido por él, que me avisó, yo no estaría contando la historia, me hubieran jodido, porque me hubieran reclutado. De él me queda un bonito recuerdo porque me dijo que no quería que yo cogiera las drogas ni la calle y que me quería ver graduado.

Pero la muerte que más me dolió fue la de mi primo José, que apenas tenía 15 años. Me dolió porque le apagaron la luz con una bala. De él me queda la frase que siempre repetía: ‘a pesar de lo que nos pase, hay que seguir pa’ delante’.

Estas tres personas eran importantes para mi vida. Gracias a ellos, aprendí a trabajar y a estudiar, y dejaron una gran huella en mi corazón.

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