En la voz del politólogo Carlos Martínez Hincapié (3)

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Bienvenidos al tercer capítulo de nuestra serie ‘Cultura de la noviolencia y protección de la vida’. Hoy les presentamos: Un recorrido por los imaginarios atávicos de la escuela, en la voz del pedagogo social, docente, pacifista y militante de la noviolencia Carlos Eduardo Martínez.



En este podcast, nos centrarnos con Carlos Martínez en lo que sucede en la escuela, porque hasta el momento habíamos escuchado en su voz, cómo las creencias y los comportamientos de las personas y las sociedades han puesto en crisis la vida. Pero… ¿qué ha pasado concretamente con la escuela?

Lo invitamos al recorrido que preparamos por los imaginarios atávicos de la escuela, es decir, por esas construcciones sociales que hemos aceptado a lo largo del tiempo y que han legitimado nuestras acciones; o, en otras palabras, lo invitamos a un recorrido por la base de las significaciones que le aplicamos a nuestra realidad para comprenderla y reproducirla.

Vea el primer podcast “Cultura y Vida: una relación vital”

Vea el segundo podcast “Cultura y Vida: una relación en crisis”

‘La construcción de conocimiento con base en fronteras’ es el primer imaginario atávico en nuestro recorrido. Observamos que la escuela es un lugar donde todavía se reproduce el conocimiento en función de los límites y las fronteras. Carlos nos comenta que “enseñamos que una cosa son las sociales, otra las matemáticas y otra los idiomas y otra las demás asignaturas, sin mostrar que hay interconexiones entre ellas”, y así, existen muchos ejemplos más. Pero, ¿qué supone romper fronteras en el ámbito de la escuela? Para Carlos, supone tener una mirada transdisciplinar, o por lo menos interdisciplinar, para que los niños y niñas entiendan que la realidad es un conjunto complejo e interconectado.

El siguiente imaginario atávico en nuestro recorrido es ‘la construcción del mundo a partir de los dualismos’. El dualismo más fácilmente identificable es el del bien y del mal, como si fueran dos realidades absolutas. Entonces, ¿cómo deconstruir los dualismos? Empecemos por enseñarles a los niños y a las niñas que la realidad que percibimos, como polos opuestos, no es así. Por eso Carlos hace el llamado a construir una ética en la escuela que no esté basada en lo bueno y lo malo sino en lo que es conveniente para la protección de la vida.

El tercer turno en este recorrido le corresponde al imaginario del ‘poder de los más fuertes’. Este imaginario supone la idea de que solo los fuertes sobreviven en este mundo competitivo. “Pero no hay que satanizar la competencia porque estaríamos construyendo otro dualismo, -asegura Carlos- sino entender que no solamente es importante competir, sino que es fundamental colaborar”. Igualmente es importante valorar las inteligencias múltiples, las diversas capacidades y destrezas, y reconocer que el conocimiento es el resultado de una construcción colectiva.

‘La obediencia en la escuela’ está cuestionada en el siguiente imaginario atávico, porque debe ser un espacio donde se exprese la desobediencia y se la reconozca positivamente debido a que fortalece el pensamiento crítico y la creatividad. “La escuela es un espacio donde ponemos a los niños y a las niñas a aprender respuestas de cosas que nunca se han preguntado cuando debería ser un lugar donde predominen las preguntas más que las respuestas. La virtud de la desobediencia se vuelve fundamental para que nuestros niños y niñas aprendan a preguntar. Es la desobediencia la que nos pone un interrogante profundo a todas esas verdades que nos enseñan”, afirma Carlos.

El siguiente imaginario atávico en nuestro recorrido es ‘La jerarquización del poder’. No se trata de desconocer o satanizar las estructuras verticales de representación jerarquizada, sino de potenciar las dimensiones horizontales y que los niños y las niñas aprendan a ejercer su autonomía y a tomar decisiones con criterio.  

A continuación, pasamos al imaginario atávico de ‘la justicia del castigo’. Todavía creemos que el castigo educa, por lo tanto, si un niño se equivoca, lo que debemos hacer es castigarlo para que aprenda. “Castigar significa infringir una dosis de dolor porque creemos que el dolor es educativo. Los niños y las niñas viven a través del miedo cuando lo importante no es castigar sino aprender”, asegura Carlos y complementa: “Cuando nos preguntamos por qué en esta sociedad están tan legitimadas las violencias, la razón es sencilla: hemos creído que un nivel de violencia tiene fortaleza pedagógica”.

El último imaginario atávico de nuestro recorrido es ‘la utilización de la violencia como columna vertebral de esta cultura’. Carlos nos propone que “volvamos nuestros espacios escolares lugares donde se deslegitime todo tipo de violencia”. Entre ellas, la violencia contra niños y niñas, la violencia de género y la supremacía del hombre sobre la mujer, y la violencia contra la naturaleza, al creer que lo que hay en el planeta son recursos exclusivos al servicio nuestro.

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