Apuntes para una distopía (3)

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Por: Andrés Zambrano Díaz* 

Las nuevas tecnologías digitales y en general todos los nuevos productos en el mercado suelen apalancarse en lo que los expertos en mercadeo llaman una promesa de valor. Eso hace que solo den a conocer lo positivo del artefacto, un poco a la manera de los miles de productos que venden los telemercados: baje de peso en tres semanas, prevenga la incontinencia en dos meses, o ahorre energía con unas ollas de acero quirúrgico. 

Apuntes para una distopía (3)

Así sucede con los nuevos desarrollos de las empresas tecnológicas que apuntan a meterse en el cerebro, aquellas como Neuralink, del innefable Elon Musk, que aseguran que podrán hacer que la gente camine, o vea, o controle el párkinson. Todo gracias a poderosos chips. Pero como toda tecnología poderosa, esos desarrollos tienen un reverso igual desastroso. Para ilustrarlo, solo voy a extractar un párrafo de un artículo de The New York Times, escrito Linda Kinstler: “Las Interfaz cerebro computadora (ICC) ya son aterradoramente potentes: mediante inteligencia artificial, los científicos han usado ICC para descodificar el “habla imaginada”, formando palabras y frases a partir de datos neuronales; para recrear imágenes mentales (un proceso conocido como descodificación cerebro-imagen); y para rastrear emociones y niveles de energía”. 

La promesa de valor es descomunal, por la cantidad de problemas y enfermedades que puede solucionar esta tecnología, pero también está el efecto colateral que no es otro, el artículo lo explica mejor, que la manipulación de la mente. Como no soy experto en el tema, les dejo el vínculo donde pueden leer esta historia: https://www.nytimes.com/es/2025/11/21/espanol/ciencia-y-tecnologia/implantes-cerebro-tecnologia-privacidad.html

El punto, claramente no es ir en contra de esta tecnología, de lo que se trata es cómo nos ponemos de acuerdo para potenciar lo bueno y mitigar, o mejor controlar los daños colaterales.

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*Miembro del Equipo Educalidad

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