Cada 21 de septiembre el mundo conmemora el Día Internacional de la Paz, una fecha que la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó en 1981 y que desde 2001 quedó fijada de manera permanente en el calendario como una jornada dedicada a fortalecer los ideales de paz mediante 24 horas de no violencia y alto el fuego. En los colegios, esa conmemoración encuentra su terreno más fértil: el aula es el primer lugar donde niñas, niños y adolescentes aprenden a tramitar las diferencias sin lastimarse.
Con motivo de esta fecha, Educalidad comparte cinco claves para tejer paz desde la escuela, elaboradas desde el enfoque del periodismo escolar restaurativo y la alfabetización mediática e informacional que la organización promueve a través de su programa PERAMI. Son ideas sencillas, aplicables en la cotidianidad del colegio y también en la vida familiar y comunitaria.
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Las siguientes son las cinco claves para tejer paz en el aula y en la vida:
1. Desactivar el «modo silencio». La paz empieza cuando nos escuchamos con el corazón y damos valor a la voz de las niñas, los niños y los adolescentes. En muchas instituciones, las decisiones sobre convivencia se toman sin consultar a quienes las viven a diario. Abrir micrófonos, asambleas, periódicos escolares y espacios de conversación real transforma a los estudiantes de destinatarios de normas en autores de acuerdos. Escuchar no es conceder: es reconocer que quien habita el colegio sabe lo que allí ocurre.
2. Empatía antes que sanción. Cambiar el castigo por el diálogo pedagógico nos enseña a resolver los problemas comprendiendo la postura del otro. El enfoque restaurativo no elimina la responsabilidad; la profundiza. En lugar de preguntar «¿qué norma se rompió y qué corresponde aplicar?», propone preguntar «¿quién resultó afectado, qué necesita y cómo reparamos el vínculo?». Esa diferencia de preguntas cambia por completo el resultado: una devuelve a la persona a la comunidad, la otra la aparta de ella.
3. Crear espacios donde nadie tenga miedo. Un colegio seguro es aquel donde todos pueden expresarse, equivocarse y aprender sin temor a ser juzgados. La confianza es la condición material del aprendizaje: nadie levanta la mano si anticipa la burla, y nadie cuenta lo que le está pasando si teme la consecuencia. Cuidar el trato entre pares, nombrar el respeto como acuerdo colectivo y sostenerlo también entre personas adultas convierte el aula en un lugar habitable.
4. Celebrar la diversidad. Pensar distinto nos enriquece. La convivencia pacífica se construye reconociendo el valor de cada persona, sus orígenes, sus creencias, sus capacidades y sus formas de habitar el mundo. Un salón donde la diferencia se nombra con naturalidad —y no como un problema a corregir— prepara ciudadanos capaces de convivir en una sociedad plural. La diversidad no se tolera: se celebra y se aprovecha como recurso pedagógico.
5. Reconocer la paz como un derecho. Hacemos de la paz un derecho cuando podemos vivir, aprender y relacionarnos sin violencia. No se trata de un valor abstracto ni de un deseo para fechas conmemorativas, sino de una condición exigible en la vida escolar cotidiana: trayectos seguros, aulas libres de agresión, relaciones cuidadosas y mecanismos claros para tramitar los conflictos. Cuando la comunidad educativa entiende la paz como derecho, deja de esperarla y empieza a construirla.
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