Un balance de la jornada “La educación abraza la paz desde la diversidad”, contado desde las aulas y los territorios que la hicieron posible.
Instituciones educativas de todo el país tuvieron, entre mayo y junio de 2026, una temporada especial de siembra: docentes, familias, comunidades y estudiantes cultivaron, a su manera, una misma reflexión sobre cómo convivir mejor y construir paz desde las aulas.
Lo hicieron a través de La educación abraza la paz desde la diversidad, una jornada pedagógica que invitó a dar un paso más allá de notar que somos distintos. Su propuesta de fondo fue otra: entender la diversidad étnica, cultural, territorial, ecológica y de género como una riqueza que se valora y se cultiva. Una oportunidad para aprender a apreciar lo diverso. Y el resultado fue esperanzador.
La estrategia La educación abraza la paz propuso este año la metáfora de la chagra: construir paz, como sembrar, exige tiempo, cuidado y relaciones que se cultivan de a poco. La comunidad educativa del país respondió a esa invitación con una generosidad que merece ser contada.
Una siembra que llegó a todo el país
Los números confirman el alcance de la convocatoria. 28 departamentos, 146 municipios y 318 instituciones educativas registraron sus experiencias en el micrositio de la estrategia. La región Andina concentró la mayor participación, con 188 instituciones, seguida por la Caribe, con 84; también llegaron voces desde la Amazonía, el Pacífico y la Orinoquía, prueba de que la conversación sobre diversidad y paz llega a todos los rincones del país.
La jornada tejió, además, puentes entre contextos: 131 instituciones rurales y 183 urbanas —y cuatro que se mueven entre ambos mundos— encontraron un lenguaje común. Participaron estudiantes de preescolar, primaria y secundaria, incluidos los ciclos de formación complementaria de las Escuelas Normales Superiores. Así, la educación para la paz se pudo sembrar en todas las etapas del camino escolar.
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En cuanto a la movilización lograda, 206 instituciones reportaron entre 50 y 300 participantes, 54 entre 301 y 600, 34 entre 601 y 999, y 24 superaron el millar. Con un cálculo conservador —el límite inferior de cada rango—, la jornada convocó a más de 70.000 personas. Y dejó un amplio registro: 2.386 fotografías, videos y documentos —un promedio de 7,5 evidencias por institución— que hoy son una ventana a lo que ocurrió en cada aula, escuela y territorio.
Voces que sostienen la cosecha
El balance cualitativo es el que mejor explica por qué esta jornada fue tan valiosa. De las 301 instituciones que compartieron sus logros, el 85 % destacó el fortalecimiento de la convivencia y la cultura de paz, y el 83,7 % resaltó la participación activa de la comunidad educativa. Un 58,1 % reconoció avances en sus procesos pedagógicos, un 33,2 % desarrolló material propio para la ocasión y un 23,6 % logró articularse con otras entidades aliadas.
Esas cifras cobran vida en experiencias concretas. Instituciones como la IERD Patio Bonito, en la sabana cundinamarquesa de Nemocón; la I.E. Álvaro Araujo Noguera, en Astrea, Cesar; la I.E. La Aguada, en Malambo, Atlántico; o el I.E.D Simón Bolívar, en Barranquilla, documentaron ferias, murales, foros y actos simbólicos en el marco de la jornada, cada una con hasta 20 archivos que narran su propia versión de la jornada.

Lo que todavía falta por cultivar
Ninguna siembra crece sin desafíos, y las propias instituciones fueron las primeras en nombrarlos con transparencia. El más mencionado, con el 83,4 % de las respuestas, fue el poco tiempo disponible frente a la carga académica del calendario escolar. Le siguieron los contextos sociales y las problemáticas externas al aula (48,8 %) y las limitaciones de recursos y apoyo institucional (34,9 %). Las dificultades de implementación (19,3 %) y la baja participación institucional (7 %) fueron, en cambio, los retos menos frecuentes, una señal de que, una vez las comunidades se suman, el compromiso tiende a permanecer.
Las instituciones también pidieron materiales más breves, didácticos y adaptados a cada edad y realidad, así como espacios previos de formación docente que ayuden a comprender mejor el enfoque de cada jornada.
Que el abrazo continúe
Esta primera jornada de 2026 llegó a 28 de los 33 departamentos del país y dejó instaladas, en cientos de instituciones, conversaciones sobre convivencia, paz y diversidad que, según piden las propias comunidades, merecen continuidad más allá de una fecha en el calendario.
En la chagra nada germina al mismo ritmo: unas semillas asoman a los pocos días, otras tardan meses bajo tierra antes de dar señales. Algo parecido dejó esta jornada, y por eso no todos sus frutos son visibles todavía.
La segunda jornada del año, La educación abraza la paz como derecho, llegará del 7 al 11 de septiembre, con la oportunidad de recoger estos aprendizajes y seguir cultivando una conversación nacional que nace en las escuelas para construir paz entre toda la comunidad educativa.
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* Balance elaborado con base en los registros del formulario y las evidencias subidas al micrositio de La educación abraza la paz, con corte al 18 de julio de 2026.






































