Un derecho se vuelve cotidiano cuando deja de ser solo una frase y empieza a orientar las decisiones de cada día: cómo se escucha a quien piensa distinto, cómo se tramita un conflicto y cómo se construyen acuerdos. ¿Qué lugar ocupa la escuela en ese proceso?
Esa pregunta acompañó la segunda jornada nacional, realizada en septiembre en el marco de la Semana por la Paz. El Grupo Motor que lidera la estrategia invitó a las comunidades educativas de todo el país a reflexionar sobre el significado de la paz como derecho y su relación con la convivencia escolar.
El balance de la jornada “La educación abraza la paz como derecho” da cuenta de su alcance: al cierre del registro en el micrositio de la estrategia, el 15 de octubre, 301 instituciones educativas de 125 municipios, en 25 departamentos, habían compartido 1.417 evidencias pedagógicas.
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25 departamentos, múltiples realidades escolares
La participación tuvo expresiones diversas en el territorio nacional. Cundinamarca registró el mayor número de evidencias, seguida por Córdoba, Putumayo y Atlántico. También se destacaron Antioquia, Santander, Bogotá D. C. y Valle del Cauca.
En el ámbito municipal, Soacha registró la mayor participación; también sobresalieron San Miguel, Barranquilla, Morales, Montería y Sahagún.
Estas cifras permiten dimensionar el alcance territorial de la jornada y, al mismo tiempo, recuerdan que cada comunidad educativa trabaja desde su propio contexto y que sus iniciativas pedagógicas responden a realidades particulares.
Detrás de estas cifras hay historias: iniciativas que muestran cómo cada comunidad llevó la reflexión sobre la paz a sus espacios educativos.
Un derecho que también se aprende haciendo
Las experiencias compartidas incluyeron jornadas de reflexión, actividades artísticas, círculos de palabra, proyectos de convivencia y ejercicios de memoria, entre otras estrategias pedagógicas.
Estas actividades abrieron espacios para que niñas, niños, adolescentes y jóvenes expresaran sus ideas, compartieran experiencias y construyeran acuerdos con otras personas de sus comunidades educativas.
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En conjunto, los registros ofrecen una muestra de cómo la escuela puede propiciar conversaciones sobre los derechos, la participación y la convivencia, y llevarlas a prácticas compartidas.
La educación abraza la paz cuando este derecho se ejerce en las relaciones cotidianas y en la manera de resolver las diferencias. Por eso, las experiencias no son un punto de llegada: son una base para reconocer aprendizajes, identificar desafíos y continuar construyendo entornos escolares donde la dignidad, la participación y el diálogo tengan un lugar central.
Principales logros y resultados
¿Qué dejó esta jornada en la vida escolar? De acuerdo con la información consignada por docentes en el formulario, las respuestas muestran avances percibidos en convivencia, participación y creación de recursos pedagógicos:
- El 88,4% de las instituciones destacó el aporte de la jornada al fortalecimiento de la convivencia y de la cultura de paz.
- El 73,4% de los colegios promovió expresiones artísticas y culturales, así como círculos de diálogo en el aula.
- Más del 53% vinculó a las familias y acudientes, y el 32% creó materiales didácticos propios, adaptados a la realidad de sus barrios y veredas.
- El 90,4% de las comunidades calificó la jornada como sobresaliente.
Aprendizajes para seguir avanzando
Las instituciones también compartieron observaciones y propuestas para mejorar futuras jornadas a través del formulario del micrositio.
El tiempo disponible y la carga académica fueron las principales dificultades señaladas por las escuelas. Entre sus recomendaciones al Grupo Motor están ampliar los plazos de preparación, disponer de materiales físicos e impresos para las zonas rurales con conectividad limitada y ofrecer talleres de formación previa para docentes.
Estas propuestas serán la guía principal para fortalecer las próximas convocatorias.
Las instituciones que registraron sus evidencias dentro de los plazos establecidos podrán solicitar su Certificado Oficial de Participación.
Para Educalidad y el Grupo Motor, las experiencias de las comunidades educativas mantienen abierta una conversación indispensable: cómo hacer de la paz un derecho que se ejerza todos los días en la escuela.





































